lunes, 5 de enero de 2009
Nunca antes del 6 de enero
Pero si te vas de vacaciones nunca lo hagas antes del seis de enero.
¿Por qué? Te cuento.
Estuve para las fiestas del 2005, 2007 y 2008 en Mar del Plata y me ocurrieron las mismas cosas que cuando fui a otras playas de Buenos Aires (o a la Villa Carlos Paz) para estas fechas en años anteriores. Uno cree inocentemente que todo está preparado en cuanto se acerca la Nochebuena, ya que los intendentes inauguran la temporada el 15 de diciembre con bombos y platillos, y el verano, como diría Crónica Tv, va a estallar y un millón de personas comenzarán a llegar desde todas partes del país y del exterior en dos o tres días.
Pero no, aún el 27 de diciembre uno descubre que:
1) Si viajaste en tren no funcionan los servicios mínimos de la formación. O se quedan varados y deben regresar.
2) Si elegiste el ómnibus, la empresa te manda una unidad con otro nombre y destino final, y todos los pasajeros en la Terminal se encuentran desorientados como picle en un pan dulce.
3) Los habitantes de las ciudades cercanas a la Ruta 2 aprovechan para cortarla porque la Municipalidad de una quiere separarse de otra, y vos que sos de Tierra del Fuego pagás el pato.
4) Al llegar a la ciudad balnearia, en el hotel (aunque sea de cuatro estrellas) la conserjería todavía no cambió las pilas de todos los objetos electrónicos (caja fuerte, controles remotos), ni funciona aún el aire acondicionado, porque “lo están reparando” y el servicio de tv por cable sufre interferencias que hay que verificar. No terminaron de pintar el hall, que según dicen, necesitaba retoques. Y te sugieren no abrir las ventanas porque acaban de ponerle un sellador. El desayuno es amplio pero siempre igual y la única empleada que lo sirve desaparece cada tanto para cumplir otras funciones. El personal se completará recién en enero, te avisan. Tampoco hay Internet y acaban de descubrir que la CPU de las computadoras no funciona.
5) En las calles céntricas ves que los locales no están instalados del todo y el centro comercial se está armando como si la temporada comenzara dentro de seis meses. Ni siquiera los puestos de ferias artesanales están todos emplazados.
6) A los famosos lobos marinos de piedra los están limpiando, rodeados de un armatoste de caños para que se paren los obreros.
7) Cuando querés indagar por el nombre de una calle te miran serios como si pensaran: “¿tan pronto nos vienen a escorchar?”.
8) En varias playas aún no terminaron de preparar los balnearios y están cementando el piso para hacer estacionamientos. Hay bares cerca del mar, aún cerrados.
9) Si no compras un diario temprano ya se agota porque los kioscos aún reciben pocos ejemplares.
10) En el restaurante acaban de tomar gente nueva e inexperta que te baña el pantalón con el vinagre y sostiene los platos con un peligroso temblor parkinsoniano.
11) A pesar de que la ciudad recibe un maremoto de viajeros, el primero de enero no abren ni las heladerías, como si se tratara de un pueblito de trece calles en la Punta de Atacama.
12) Vas al puerto a mirar los barquitos pescadores y algún prefecto te saca a los gritos porque según él estás invadiendo zona operativa, y si le preguntás a un colectivero si el trayecto de su línea es por la costa te responde con menos chispa que choque de tortugas.
13) Los teatros hacen algunas funciones preliminares que son para ajustar las fallas, y el público les sirve como termómetro para mejorar la puesta.
14) La estación de micros parece la de Gaza después de un bombardeo.
15) El Casino tiene varios sectores no habilitados.
16) Pero lo peor de todo es el tiempo, el clima, que tampoco está decidido del todo. De mañana está nublado, y hace frío, luego al mediodía sale el sol y todos corremos a la playa pero a eso de las tres de la tarde de golpe se pone diluviar, luego para y la temperatura asciende a treinta grados para posteriormente bajar a diez, entonces el pobre turista anda a los saltos como rengo en tiroteo.
17) Solo hay algo bueno, una carpa o una sombrilla, el 31 de diciembre sale el 100 por ciento menos que unas horitas después.
Finalmente, tarde o temprano, llega el seis de enero y las puertas pintadas de la ciudad se abren victoriosas, pero los que fuimos en diciembre nos vamos con el ingrato recuerdo de haber visto un mal ensayo, la trastienda improvisada, el bostezo que expone una carie, esa costumbre argentina de hacer todo a último momento, total, como diría Minguito, “se igual”.
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