martes, 22 de enero de 2008

Cuando el polluelo se va



Cuenta la prensa que Verónica Castro no acepta a su nuera, y que esto la distancia de Cristian, el damnificado en cuestión.

¿Será cierto? Lo real es que muy lejos del estrellato, a nosotros los mortales, muchas veces nos pasa lo mismo. Encontramos nuestra media naranja (algo nada fácil), lo anunciamos llenos de felicidad…y al instante nos acechan madres, padres, suegras y suegros, quienes son los capitanes de un ejército de convidados de palo que se meten, opinan, influyen y en muchos casos terminan ocasionando la separación de la pareja.

Pero la vida que es sabia, y tarde o temprano nos pone del otro lado del mostrador. Y así es que en la madurez de nuestros días, ya siendo papis y mamis nosotros, nos toca descubrir que esos “polluelos” que criamos a base de agua mineral hervida, colegio parroquial selecto, deportes acuáticos, inglés y francés obligatorio y clases de piano con una concertista…¡ nos traen unos novios o novias espantosos! Y nos preguntamos: ¿cómo la nena (de 23 años) puede darle un beso a ese vagabundo que tiene las crenchas como Bob Marley? 0 sino: ¿cómo mi bebito (que ya pasó los 30) se casa con esa cirrosita tan bruta que no sabe ni multiplicar por cero?

Pero esta historia empezó hace tiempo. La cosa es así: a nuestro crío le tocó nacer y de golpe, mientras retozaba en su cunita, lo convertimos en la suma de todas las perfecciones valiosas. Hasta le agradecimos el popó que hacía a cada rato como un regalito del cielo. Le hicimos sentir que era el portador de un yo ideal. Después la sociedad lo enfrentó a la mirada de los extraños, impiadoso espejo que le incorporó el principio de realidad con un flechazo.

Pero pensemos: el muchachito y la bebota que parimos siempre vienen a este mundo, sujetos a un secreto mandato: tienen que cumplir nuestros sueños irrealizados. Si, todavía no se le cayó el ombligo al pibe y ya nos parece descubrir sus habilidades para el rugby por cómo aprieta el sonajero, y en cuanto la “chancletita” apile derechitos dos dados de plástico ya la queremos anotar en la facultad de ingeniería.

No es necesario pensar demasiado para descubrir que esa criatura privilegiada de la especie, nuestra novena maravilla, será poco para cualquier mina o tipo, según el caso. Y apenas aparezca ese criminal que nos roba la Rosa Púrpura del Cairo, lo mediremos con varas infinitas, y parámetros que jamás podrá llegar a cumplir.

Pero esta es sólo una parte del cuento. Hay otra consecuencia que provoca el desarrollo de los hijos e hijas, y es justamente, eso, que crecen, que se van, y una terrible herida narcisista se nos abre irremediablemente. Para trabajar este duelo es necesario generar proyectos originales, transitar nuevos caminos, recrearnos. Lo contrario sería encerrarnos a escuchar viejas grabaciones de canciones infantiles, inútil tarea, dado que El Gallo Pinto ya no canta, se durmió, y ya nadie extraña su cocoricó.

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